EL LOCO DA GUERRA[i]
(Aunque este no es Guerrita)
Cuando escuche en la calle que alguien le dice: "No se preocupe que no lo voy a robar", alístese para salir corriendo o por lo menos para evadir lo más rápido posible a quien le este diciendo esto, porque seguro lo van a robar.
Margarita Peña A.
Juiciosamente se levantaron esa mañana del miércoles con el propósito de cumplir con el procedimiento requerido para una de las clases que hace parte del pensum de cuarto semestre.
El sitio de encuentro era la plaza de Caycedo, en todo el centro de la ciudad, donde seguramente alguno de los viejitos pensionados estaría dispuesto a compartir alguna de sus historias con nosotros. En este sitio pululan, es el lugar predilecto de encuentro lúdico para jugar parqués, leer periódico, discutir sobre política o simplemente estar ahí. Por lo que encontraron apropiado el lugar para hacer la tareita.
Son las diez de la mañana, ya el sol hace de las suyas. La gente camina rápido, la bulla de los carros te aturde, las ventas ambulantes te persiguen por todas partes, es como si esta parte de la ciudad, la que conoces pero que hasta ahora es tan ajena a vos quisiera devorarte.
Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan… y piensan en todo y no saben y son felices, no pueden asegurarlo. Odio la Avenida Sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio al Club Campestre por ser a la vez un lugar estupido, artificial e hipócrita. Odio al teatro Calima por estar siempre atestado los sábados de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado, perdido al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejo besar en su propia cama. Odio a todos los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mis maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudios por conseguir una buena nota. Odio a todos aquellos que se cagan en la juventud todos los días.
Nos sentimos más tranquilos cuando vemos que un par de periodistas de "Telepacífico" hacen una interesantísima nota sobre el locutor más reconocido en la capital vallecaucana. Se trata de "Pepezón", el dj y locutor de Olímpica Estéreo está siendo entrevistado por los periodistas.
"Ah, no, aquí no pasa nada, si esos manes están con cámara, micrófonos y luces seguro aquí no pasa nada". Pienso mientras mis amigos caminan detrás como buscando en mí su escudo.

-Acá no pasa nada, en la plaza de Caycedo no roban, menos a esta hora.
Ya son las diez de la mañana y mi ceño empieza a fruncirse por el irradiante sol, mientras le digo a una de mis amigas que no se preocupe y deje el visaje que aquí estamos seguros.
-Es mejor que nos separemos, unos por un lado, otros por el otro, porque si nos ven llegando a tantos, seguramente las personas se van a intimidar y no van a querer hablar con nosotros.
-Bueno entonces nosotras dos nos vamos por este lado.- Dice Carolina, arrastrando a Lina del brazo hacia el otro extremo de la plaza.
-Listo, yo me quedo acá con Sonia. Sentémonos en ese murito, al lado de estos viejitos a ver qué pasa y ahora más tarde nos encontramos.- Digo yo.
Al único hombre dentro de nuestro grupo le daremos un nombre, que tal Maycol.
Maycol, se había encontrado unos minutos antes con un amigo del colegio a quien no veía desde hace años. Éste buscaba las mejores composiciones para tomar algunas fotos. Hablan un rato, no mucho, y unos minutos más tarde nos dicen que ya vienen, pues les hace falta un rollo en blanco y negro.
Estamos sentadas, Sonia y yo, en el murito en el que habíamos quedado. Esperamos y a los tres minutos, si no menos, vemos una cara conocida en medio de todo el ruido, el calor y la gente que camina por todas partes como sin rumbo alguno, como hormigas huérfanas de hormiguero. Es un compañero de la universidad, a quien le habían dejado el mismo trabajo y coincidencialmente escogió la plaza de Caycedo para buscar una historia.
-Hola
-Quihubo ¿Qué más?
- Nada, aquí esperando a ver si alguien nos habla, es que no queremos que sea forzada la cosa. Lo queremos más natural, vos sabés.
-Si claro. Yo tenía pensado lo mismo, simplemente sentarme a esperar y empezar diciendo: "Cómo le parece" o "Qué calor ¿no?" o algo así por el estilo.
Diciendo esto, nuestro compañero se fue acomodando al lado de nosotras.
Es preciso anotar que él no hace parte de nuestro grupo de trabajo, y que al juzgar por los sucesos que ocurrirán unos minutos después lo peor que le pudo pasar es encontrarse con nosotras.
Lleva la maleta de la universidad, una gorra y reloj, además de billetera con 50.000 pesos adentro.
De la nada, se nos aparece un tipo.
Muy bien madame, supongo que no se la puede culpar por ser sospechosa habiendo tantas ratas y sabandijas que andan sueltas por ahí. Mi nombre es Alexander Delarge.
Es uno de estos personajes mal vestidos, oliendo a chucha, con una cicatriz en la frente todavía fresca, húmeda y un tiro en el tobillo izquierdo que nos muestra con naturalidad. Nos pregunta que si somos de Bogotá. Resulta que mi amiga y el compañero de la gorra, el reloj y la billetera son de la capital. Yo al igual que el loco me entero justo en ese momento.
No ha sido edificante, sin duda, no estar en este agujero del infierno y zoológico humano por dos años más. Me Apalearon y golpearon los guardas animales, conocí criminales desagradables y pervertidos listos para abalanzarse encima de un delicioso joven como quien les cuenta esta historia.
Nos da la mano. Soy la tercera en dársela. Tengo un asco enorme pero pienso que si no lo hago como ellos lo hicieron anteriormente, seguro el hombre se siente mal.
Después de la respectiva y formal presentación con un extraño de la calle maloliente y herido, nos dice que viene del Cartucho, de la calle donde vivían los indigentes en Bogotá. Que lo habían desplazado con sus tres hijos, que están debajo del puente y que por eso está en Cali.
La mañana siguiente me llevaron a la institución mental Ludovico a las afueras de la ciudad, y me sentí un poquito triste por tener que decirle adiós a la comisaría, como siempre pasa cuando uno se acostumbra a un lugar.
Mientras tanto las otras dos niñas, siguen la historia de un discapacitado, en silla de ruedas quien muy formalmente les contó su vida. Maycol sigue comprando el rollo con su amigo.
El indigente nos pregunta sobre nuestra carrera, está interesado en saber qué estudiamos, le contamos que comunicación, y encantado dice las siguientes palabras:
-Jmmm, ustedes lo que tiene que hacer es hablar conmigo, yo tengo mil historias que contarles.
Ande yo caliente y ríase la gente Traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días mantequillas y pan tierno y las mañana de invierno naranjada y aguardiente, y ríase la gente. Coma en dorada vajilla el príncipe mil cuidados como píldoras dorados, que yo en mi pobre mesilla quiero más una morcilla que en el asador reviente, y ríase la gente. Ande yo caliente.
Parece que el loco hubiera estado en una de nuestras clases, en las que el profe nos explicó lo que teníamos que hacer. Que el personaje llegue por iniciativa propia a contarnos y a hablarnos. Encantados, seguimos escuchándolo, sin hacer caso a que anteriormente nos había dicho que llevaba un rato observándonos y que él nos pensaba robar, pero como mis amigos son de Bogotá y le habíamos dado la mano el no lo hará.
-Ustedes me cayeron bien, yo ando armado. Miren.
Se levanta la camisa con una mano y con la otra saca un cuchillo enorme que tiene guardado en la parte de atrás del pantalón. Se camufla perfecto con su camisa por fuera.
Yo me asusto. Al principio pensé que era inofensivo, pero cuando repetidas veces dice que sus intenciones no son robarnos, empiezo a dudar. Me intimido inmediatamente y creo que lo mismo le pasa a los otros dos estudiantes que están a mi lado.
Entre nosotros no hablamos, solo lo escuchamos decir repetidas veces todas las incoherencias que dice. Los viejitos, nuestras primeras intenciones de entrevista, por quienes nos dirigimos hasta la plaza de Caycedo, siguen sentados a mi otro lado. Hablan, leen el periódico y comparten uno que otro pensamiento político, la policía al frente.
Es un mundo apestoso porque ya no hay ley ni orden. Es un mundo apestoso porque deja que los jóvenes estén encima de los viejos. Este no es un mundo para un viejo ¿Qué clase de mundo es este? Los hombres en la luna y hombres que giran alrededor de la tierra y a nadie le importa ya la ley y el orden.
Ni mi amiga ni yo, somos abordadas por el hombre, pero el pelado de la gorra, el reloj y la billetera parece ser el blanco fijo de nuestro nuevo amigo.
-Pasáme el reloj.
Mi amigo duda, lo mira con cara de "por favor no me vas a robar".
-Pasáme el reloj.
Insiste el individuo.
-¿Es que no confiás en mi o qué? Yo no te voy a robar.
De manera agresiva y exaltada señala con la mano para que le de el reloj o le saca el cuchillo.
El man, más asustado que nosotras dos juntas, se quita el reloj y con las manos temblorosas se lo pasa. El loco, con el reloj en las manos le dice que aunque este fuera de oro, jamás lo robaría porque él no le hace daño a la gente que no lo desprecia. Le devuelve el reloj a mi amigo, sin ningún problema. Este se lo pone tembloroso y el tenso soliloquio del loco continúa su curso.
De la misma manera lo hace con su maleta de la universidad, con el reloj del amigo de Maycol que en ese momento ya ha llegado con él al lugar de los hechos, rollo en mano.
La maleta de Maycol rellena de cámaras, trípodes, etc., el celular del man de la gorra, el reloj y la billetera y finalmente la billetera del man, corren con la misma suerte de ser tomadas y devueltas por sus asquerosas manos.
-Pasáme la billetera.
Le dijo el loco a mi amigo.
No entiendo todavía como se la da, como no le dice que no tiene billetera, o no sé, a uno se le ocurre cualquier cosa, pero no va entregando la billetera a un loco de la calle así tan olímpicamente. Claro, el loco ya había devuelto los relojes, el celular y las maletas que se había echado al hombro. Todo el mundo tiene sus cosas de vuelta.
El man de manera consecutiva nos muestra el cuchillo pero nunca lo saca completamente, por lo que siempre pienso que jamás nos hará daño.
El man del reloj, la gorra y la billetera, le pasa la billetera.
El loco en un acto veloz de prestidigitación le saca el billete de 50 y le devuelve la billetera.
Hay varias maneras de comerse a una persona. Empezando porque debe ser diferente comerse a una mujer que comerse a un hombre. Yo he visto comer hombre pero no mujeres. No se si me gustaría ver comer a una mujer alguna vez. Debe ser muy diferente. Lo que yo por mi parte conozco, son tres maneras de comerse a un hombre. Se puede partir en seis pedazos a la persona: cabeza, tronco, brazos, pelvis, muslos, piernas incluyendo claro está manos y pies.
Da la vuelta, se arrodilla, se da la bendición dos veces y se va caminando, no sin antes arrebatarme de las manos el rollo a blanco y negro que habían comprado.
Sí, se lo lleva en la mano. Nadie entiende por qué ni para qué. Tal vez para dejarnos más atónitos de lo que estamos. Nadie entiende nada. Pasan minuto y medio de silencio, el pelado mira su billetera y dice:
-Jueputa me robaron.
Maycol, la víctima y el amigo de Maycol corren tras el loco, que por cierto salió más vivo que todos nosotros juntos.
Mi amiga y yo nos quedamos momificadas en el murito donde nos habían robado y nadie se había dado cuenta.
Al poco tiempo, no más de cinco minutos y mientras estos corren inútilmente tras el ladrón, se nos acerca un pelado de la calle, de estos que no son muy diferentes al tipo que nos acababa de robar y nos dice:
-Ese man las terapió ¿O qué?"
Y sin entender a lo que se refiere nos cuenta que a su novia y a una amiga de su novia, también las había robado y él está que busca al loco.
-¿Por dónde se fue? Es que estaba cuadrando la cicla y no alcancé a verlo. ¿Cómo lo dejaron ir? Yo venía por esa rata.
Sin pronunciar una palabra, y todavía pasmadas le señalamos con la mano por donde el tipo se había ido hacía apenas unos minutos.
Este, con la mano dentro de la mochila que lleva colgada, sale corriendo tras el rastro del loco.
Maycol, su amigo y el pelado de la gorra, el reloj y la billetera sin plata vuelven sin respuesta, mejor dicho sin plata.
-Fue inútil. -dice Maycol. - En el momento en el que el loco se fue, venía la policía a recoger a los vendedores ambulantes, entonces la gente lo camufló y lo perdimos de vista desde el principio. Bueno, ya qué, mejor abrámonos de aquí.
Las dos niñas que desde el principio se habían separado del grupo llegan con una muy buena historia sobre un minusválido que lloró como dos veces mientras narraba su vida. Ellas, inocentes de lo que había pasado, se quedan boquiabiertas ante nuestra historia.
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[i] Este cuento contiene citas textuales de La Naranja Mecánica De Stanley Kubrick, basada en una novela de Anthony Burgess, El Gato Negro de Edgar Alan Poe, Calibalismo e Infección de Andrés Caicedo y Ande yo caliente y ríase la gente de Luís De Góngora

2 comentarios:
hagamole un comentario pues...jejeje mentira esta muy buena esta historia...es real o ficcion? bueno lo q sea me gusta
vane es realidad 100%, que tal que guevones... como se va a dejar robar ese man las 50 lukitas ah??? jajajajaja!!! un intento de reportaje-cuento que hice por ahi, chevere que lo leyeras!!!
un besito!!
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